jueves, 21 de mayo de 2015

'Azúcar y Harina!', pastelería con diseño en Burgos

Hay olores y sabores que nos evocan a otras etapas, que nos hacen retroceder en el tiempo para volver a inmortalizar, a sentir, a vivir… En mi caso, me ocurre cada vez que vuelvo a Burgos. Un paseo por sus calles, el cartel de un establecimiento, la casa de mis abuelos, el olor a castañas asadas, la nieve… todo me recuerda a mi infancia porque allí nací y allí pasé mis primeros años. Aunque me fui pequeña de aquella ciudad, el vínculo jamás se ha roto. Voy con mucha frecuencia y en cada uno de mis viajes hay algo, muchas cosas... que me recuerdan una etapa pasada en la que no pude ser más feliz. Y uno de los recuerdos más especiales es el olor a dulce de la pastelería Juarreño. Recuerdo salir de la casa de mis abuelos y parar allí a merendar. También conservo en la memoria, como si fuera hoy, el establecimiento, el mostrador… el olor a bollo recién hecho y a día de hoy, en cada una de mis visitas a Burgos, Juarreño es parada obligada. Empezó como un solo establecimiento y a en la actualidad son un gran grupo que aglutina diferentes líneas de negocio, todas vinculadas a la restauración. Tienen varios locales de tapeo, 'La Lorencita' y 'La Lesmería' y para el postre las pastelerías 'Juarreño', así como la heladería 'Sucrem' y ah! Azúcar y Harina, una de las últimas pastelerías en abrir, que además de pastelería es panadería y que ya sólo desde fuera se intuye algo bueno.







Si algo me ha llamado la atención de Juarreño es su capacidad para adapatarse a los nuevos tiempos, ese don para renovarse, para reiventarse. Muchas cosas, muchísimas, han cambiado desde aquellas meriendas en el Juarreño. Pero entre tanto cambio jamás han perdido su esencia, esa autenticidad y saber hacer, esa personalidad que imprimen en cada una de sus creaciones.  Han sido, son y serán un referente en Burgos en lo que a alta repostería se refiere, porque solo ellos han sabido arriesgar e introducir un concepto diferente.










'Azúcar y Harina' es una pastelería que ha apostado por la innovación. Productos de siempre, de una calidad inmejorable, pero presentados con una decoración exquisita. Es prácticamente imposible pasar por la Calle San Lesmes y no querer entrar, y si hemos atravesado el umbral, entonces sí que imposible no sucumbir a sus dulces, a sus pasteles, tartas… Una parada obligada en la ciudad del Cid.





















lunes, 4 de mayo de 2015

PuntoMom (II): mucho más que un congreso

La semana pasada te conté por aquí lo increíblemente bien que lo pasamos en PuntoMom, lo mucho que disfrutamos del congreso, del talento a raudales que se vio reflejado en todas y cada una de las ponencias, de la profesionalidad y genialidad que demostraron María y Patricia al organizar un evento de estas características. Te hablé de lo mucho que me hizo reflexionar PuntoMom, de la experiencia personal que supuso, de la cantidad de gente que me permitió conocer, descubrir... Te conté todo esto pero hubo una parte, la del viaje, la estancia, la cena... la de esos momentos vividos en torno al congreso que quise dejar para otro post. No quería saturarte con el anterior pero tampoco quería dejar de recordar un viaje que me hizo protagonizar un fin de semana inolvidable. Uno que empezó en un tren destino a Oviedo, con casi cuatro horas de viaje por delante...




Tiempo para reflexionar, imaginar, para preguntarme una y mil veces cómo sería PuntoMom, a quién vería, con quién me reencontraría... Muchas preguntas, muy pocas respuestas y cuando quise darme cuenta entraba en Oviedo.
Estaba deseando llegar al hotel. Y qué hotel, el Ayre Oviedo, de Santiago Calatrava, un edificio que por fuera impacta y por dentro no hace más que poner de manifiesto la magnitud de la obra. El recibimiento no pudo ser mejor, se notaba y mucho, que veníamos a PuntoMom. Cuidaron hasta el último detalle empezando por la carta de bienvenida que nos dejaron en la habitación. 





A la mañana siguiente, ya en el desayuno, llegó el momento de los saludos, los encuentros, la ilusión de ver a las primeras ponentes... 
Del congreso te he contado mucho, pero si te apetece ver más no te pierdas los videos que hicieron Olga y Aina y que resumen a la perfección lo vivido allí.
Terminado el congreso, cuando parecía que había acabado todo, lejos de haber un punto y final no fue más que un parón que nos permitió coger fuerzas para disfrutar de la cena de despedida. Hubo tiempo para descansar en el hotel y asimilar, aunque solo fuera un poco, la experiencia tan increíble que estaba viviendo. Aquí los detalles que incluyeron en el 'tote bag' que nos dieron en el evento.

 


Y llegó el momento de la cena y siempre lo recordaré como esa ocasión única de profundizar con aquella gente que descubrí en PuntoMom, en muchos casos de iniciar la relación con muchas otras y en otros, de volver a estar, a compartir un rato de conversación que no pudo ser más agradable. La cena tuvo lugar en 26º grados, un restaurante que me encanta y del que os hablé aquí





El domingo fue día de despedidas, de intercambio de teléfonos, de deseos sinceros de volvernos a ver, de volver a vivir una experiencia tan enriquecedora... En el viaje de vuelta hubo lugar para la reflexión, para responder a todas y cada una de aquellas preguntas que en la ida no parecían tener respuesta; tiempo de perder la mirada tras el cristal y dejarme llevar por la belleza del paisaje; tiempo, también, de compartir un café con Silvia de Manopla Studio, a quién había conocido un día antes y ya parecía que nos conocíamos de toda la vida. Esa es la magia que esconde el apasionante mundo de los blogs y que reflejó con nota PuntoMom, ese poder de hacerte conectar con gente a quién parece que ya conoces. 

¡Hasta el próximo año!
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